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Laurent Tirard:"Hacer una película sin mujeres es inimaginable"

El director francés nos revela las curiosidades del rodaje de 'Astérix y Obélix al servicio de Su Majestad'
18-10-2012 04:06
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Laurent Tirard:

Laurent Tirard:"Hacer una película sin mujeres es inimaginable"

El director francés Laurent Tirard se enfrenta a la cuarta entrega de Astérix y Obélix con el doble reto de mantener la calidad de los directores predecesores y de crear, al mismo tiempo, una película original, con sello propio. El director francés nos relata los secretos y curiosidades del rodaje, que se estrenará a finales de noviembre.

¿Cuál fue tu reacción cuando surgió la idea de que dirigieras la próxima película de Astérix?
Estaba aterrado y excitado al mismo tiempo. Éste es un proyecto de una envergadura vertiginosa, pero tenía claro que era una oportunidad que no se presenta dos veces en la vida. Al final, fueron dos razones las que me ayudaron a decidir: la aventura que representa y el reto artístico que supone. La idea era enfrentarme al proyecto no como lo haría el director de un episodio de Harry Potter, donde el trabajo consiste en asegurar la continuidad de una saga. Sino, al contrario, y me pregunté a qué se podría parecer un Astérix hecho por mí.

¿Qué te ha llevado a elegir estos libros?
Antes de releerlos, ya tenía la idea. Quería una odisea, un viaje. Y, después de mi primera estancia en Gran Bretaña, sentía fascinación por los ingleses y su cultura. Mi autora favorita es Jane Austen. En sus novelas retrata muy bien los códigos y las reglas de una sociedad que no siempre entendemos muy bien. A los ingleses se les da mal expresar sus sentimientos, pero cuando salen de sus caparazones lo hacen de verdad. Es una locura y es elegante, atemporal. En seguida pensé en Astérix en Bretaña y me acordé de esas frases graciosísimas escritas por Groscinny. Pero Grégoire Vigneron y yo también quisimos integrar a los normandos, ya que queríamos que el tema de la civilización estuviera en el fondo de la película: es interesante contrastar culturas diferentes y ofrecer una paleta variada de civilizaciones. Los romanos nos recordaban a los americanos de hoy en día, que tienden a invadir ciertos países 'por su bien'. Como consecuencia, todos los demás países son considerados bárbaros. Pero queríamos mostrar algo más complicado que eso: hay bárbaros simpáticos (los galos), bárbaros en estado puro: brutos y salvajes (los normandos), y bárbaros que son justo lo contrario, muy considerados, son gente mucho más sofisticada que los romanos en muchos sentidos (los bretones).

¿Cuáles fueron tus objetivos principales?
Queríamos volver a poner en primer lugar al dúo formado por Astérix y Obélix, y presentar la verdadera problemática de estos dos personajes. Teníamos que darles cierta complejidad intelectual y, para ello, estábamos convencidos de que hacía falta abordar el tema de la sexualidad. Como la relación hombre-mujer es un tema que me interesa y que ha enriquecido mis películas anteriores, pensamos en la relación Astérix-Obélix como en una relación de pareja. Una pareja que se exaspera y que se encuentra emocionada con la llegada de un chiquillo (Gudúrix). De repente Astérix empieza a preguntarse cosas, a querer ver otros lugares, tiene una discusión importante con Obélix… Es un argumento clásico, muy común en las historias románticas, pero añade mucha emoción al relato.

Por eso habéis integrado personajes femeninos en el universo de estos héroes…
Hacer una película sin mujeres es inimaginable para Grégoire y para mí. En seguida, Gudúrix, el joven encarnado por Vincent Lacoste, mete la pata y pregunta: "¿ser un hombre es ser como vosotros: vivir juntos con un perro pequeño?". Una vez hecha la pregunta, Astérix quiere incluir mujeres en su mundo. Y, por otro lado, Obélix tendrá una relación improbable con el personaje de Miss Macintosh, interpretado por Valérie Lemercier.

Precisamente, el personaje que interpreta Vincent Lacoste es una de las libertades que os habéis permitido para modernizar el relato...
Sí y no. El personaje de Gudúrix existe dentro del mundo de Astérix en el libro de los normandos, pero representa a un joven de los sesenta. Uderzo y Goscinny hablaban de esa época; su actitud y comportamiento no se parece a la de los jóvenes de hoy en día. Lo hemos actualizado.

¿Cómo se hizo el proceso de selección durante el casting?
Para el papel de Obélix, Gérard Depardieu era la elección evidente. Estoy realmente contento de que estuviera en la película. Y como hemos centrado la intriga en el choque de culturas, nos hacía falta un Astérix muy francés. O en cualquier caso, muy próximo a la idea que tienen los extranjeros de un francés: un hombre locuaz, encantador y un poco arrogante. Esta caricatura nos ha dado un Astérix menos “rústico”, menos galo. Es más sofisticado, más intelectual y más moderno que en el cómic. Fui escribiendo este personaje cuando se me apareció la cara de Edouard Baer. Él es muy francés, muy parisino. Y una vez que le tuve en mente, me empeñé en que sólo podría ser él.

Al igual que Edouard Baer, a quien has dirigido en Mensonges et trahisons, también te has reencontrado con otros actores para esta película…
Hay que decir que es tranquilizador, dentro de un proyecto de esta envergadura, el conocer bien a ciertos actores. Y esto ayuda a la escritura. He dirigido a Fabrice Luchini en Las aventuras amorosas del joven Molière e incluso antes de pensar en el guión de Astérix, sabía que él haría un César perfecto. En cuanto a Valérie Lemercier, que interpretó a la madre del Pequeño Nicolás, según empecé a imaginar el personaje de Miss Macintosh, me vino ella a la cabeza.

Elegir actores franceses para interpretar a los ingleses no es una apuesta segura. Sin embargo, cada uno hizo que el papel fuera suyo…
Catherine Deneuve es, para mí, absolutamente creíble portando la corona de la reina de Inglaterra. En cuanto a Guillaume Gallienne, los acentos son lo suyo y se desliza sin problema en la piel de Buentórax. Valérie Lemercier ha trabajado mucho la locución tan especial de Miss Macintosh y está muy lograda. En cuanto a Charlotte Le Bon, yo no la conocía pero seguí el consejo de mi directora de casting, la recibí para ver cómo iban los ensayos y funcionó de inmediato.

¿Cómo diriges a tus actores?
Yo me adapto a cada uno de ellos para lograr que todos se encuentren en el mismo plano. Algunos necesitan hablar mucho de su papel, y las lecturas sirvieron para responder a todas sus preguntas. Pasé bastante tiempo con cada actor para evocar la psicología de su personaje, leyendo escena por escena, diálogo por diálogo, del guión. En un proyecto como éste es importante ver todo esto antes del rodaje, porque después no hay mucho tiempo. Al mismo tiempo, permanezco abierto a la improvisación. Tengo una idea muy precisa de lo que quiero pero me encanta dejar un margen de libertad a los actores, me interesa. En una película de esta envergadura, a pesar de los decorados, los figurantes, los asistentes, hace falta darles la oportunidad de discutir el texto.

En esta película has aprendido a gestionar a un número importante de figurantes. ¿Ha sido interesante?
Yo sabía que mi película iba a girar más en torno a escenas cómicas entre los actores que en torno a escenas de acción. Pero hay algunos pasajes bastante espectaculares en la historia, como el partido de rugby o la batalla final. Estuvimos rodando escenas con 800 figurantes durante diez días. Es una gestión pesada, complicada, que requiere un ejército de asistentes y reduce la flexibilidad de la puesta en escena. No puedo decir que me haya encantado pero había que hacerlo.

¿Rodar en 3D ha modificado tu forma de rodar?
Inevitablemente, tiene su repercusión sobre la manera de dirigir. Si desde hace veinte años lo más común es trabajar con planos cada vez más cortos, el 3D requiere todo lo contrario. La riqueza de la imagen es tal que si procedes así, te arriesgas a que el público acabe con una jaqueca. Cuando ruedas en 3D, tienes que dar preferencia a secuencias largas y el ritmo tiene que venir del juego entre los actores. Pero este método clásico, que nos remite unos 70 años atrás, en general me va.

¿Fue decisión tuya que fuera en 3D?
No, fue una decisión de la producción y de la distribución. Yo estaba más bien reticente. Desde el punto de vista espectacular, funciona bien con el universo de Astérix, especialmente para los efectos de la poción mágica, los tortazos que se pegan los romanos o la escena de rugby. Yo veía el 3D como un aparato que permite que cosas salgan de la pantalla sin más. Pero me encontré con Alain Derobe y sus imágenes de Pina cambiaron mi visión de las cosas. Ahora veo dos ventajas: al poner de relieve los decorados y el vestuario, el 3D permite la inmersión del espectador en un mundo ficticio y, de cierta manera, le permite entrar de nuevo en el cómic; en segundo lugar, refuerza la presencia de los actores y, por tanto, de los personajes.

Trabajas con el mismo equipo de técnicos que en El pequeño Nicolás. ¿Qué indicaciones les has dado?
Cuando escribía una escena, visualizaba el decorado y el vestuario. Por lo tanto, nunca di otras indicaciones que aquellas que concernían a lo que había en el guión. Antes de usar cosas conocidas, elementos que pudieran ser un cliché, preferí fiarme de sus referencias y originalidad. Sólo sabía que quería una Inglaterra eterna, con sus jardines, sus punks, sus cabinas de teléfono rojas, sus telas escocesas… y verdaderos romanos. En el cine, se ve con frecuencia a romanos de pacotilla con armaduras de hierro blanco. Yo quería que fueran como los alemanes de Indiana Jones; ¡quería que se les tomara en serio! Es un planteamiento extraño, ya que las historias Astérix y Obélix no son realistas y les veía más como superhéroes. La mezcla de géneros no fue fácil, pero insistí.

Y, ¿para la música?
Fue un placer trabajar con gente de confianza. Me dieron un montón de ideas que nunca se me habrían ocurrido, como utilizar música rock. El editor propuso un tema de los Ramones para la llegada de los héroes a Bretaña. En cuanto a BB Brunes, no les conocía muy bien pero tenían el look y el género musical ideal para hacerse pasar por ingleses. Enseñar Londres usando un estilo cercano al video-clip con su música de fondo también fue idea del editor.

Cuando miras atrás, ¿qué es lo que te parece lo más complicado?
Estar a la altura de la maratón física y psicológica que representa un proyecto como éste. Después de seis meses de preparación, llegas cansado al inicio del rodaje. Pero hace falta mantener el nivel de exigencia, de ambición, de rigor, de buen gusto. Cada día, hace falta mantenerse fresco, entusiasta y disponible para responder a todas las cuestiones que puedan surgir.

¿Cuáles han sido los mejores momentos?
Todos esos instantes fugaces cuando era capaz de verlo con un poco de distancia y saborear lo que estaba ocurriendo: la puesta en escena de Catherine Deneuve, un icono que ha trabajado con Buñuel y Truffaut; admirar el ejército de hormigas y de grúas que se agitan en Malta para captar las escenas en alta mar; dirigir las escenas de batalla con los romanos en esa explanada en Hungría…

¿Pensaste alguna vez en el adolescente que fuiste y que quizá nunca hubiera imaginado todo esto?
¡Pero el adolescente que yo fui estaba convencido de que haría este tipo de películas! (risas) Es más tarde, cuando uno descubre la realidad de este oficio, cuando uno se cuestiona estas cosas.

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