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Las salinas de Santa Pola y Torrevieja, un paisaje único

El conjunto lagunar de la Mata y Torrevieja y las instalaciones de las salinas, funcionan como paisaje cultural, en el que procesos naturales y humanos quedan íntimamente relacionados
29-09-2017 16:21
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Las salinas de Santa Pola y Torrevieja, un paisaje único

Las salinas de Santa Pola y Torrevieja, un paisaje único

'Les salines són dues llacunes que termenegen amb la mar, dos metres i escaig més baixes que aquest: les millors-o les més importants-d'Europa, diuen. Els grans munts blancs reverberen sota el sol...' Joan Fuster 1971.

El litoral alicantino más meridional ha albergado a lo largo de la historia interesantes focos de producción de sal. Estas instalaciones salineras ubicadas a lo largo de la costa corrieron diferentes suertes. Algunas perduraron muchos años, otras desaparecieron mientras que otras se han transformado en importantes salinas marinas. El ejemplo paradigmático de esto son las de Santa Pola y las de la Mata-Torrevieja, cuyas garberas de sal e instalaciones resaltan en la horizontalidad de ambos enclaves, dispuestos en la llanura costera.

Sus características ambientales, zonas húmedas en el litoral con láminas de agua permanente durante todo el año, han propiciado la consolidación de unos ecosistemas refugio de la biodiversidad. La consideración social y política de los valores naturales y culturales de ambos enclaves explica su declaración como Parque Natural, como Zona de Especial Protección para las Aves y su inclusión en la Lista del Convenio Ramsar, sobre humedales de relevancia internacional, en el Catálogo de Zonas Húmedas del Gobierno Valenciano y en la Red Natura 2000, de Lugares de Interés Comunitario.


El contexto geográfico de las salinas meridionales alicantinas

Las salinas de Santa Pola y las de la Mata-Torrevieja se localizan al sureste de la provincia de Alicante, en la franja litoral entre el cabo de Santa Pola y el cabo Cervera. Las primeras se ubican al norte del río Segura, mientras que las segundas lo hacen al sur de éste. Distan entre sí unos 30 kilómetros y aunque se trata de espacios distintos, ambas forman parte de sendos humedales. Cuentan con rasgos geológicos, geomorfológicos, ambientales, culturales y económicos que se manifiestan en un paisaje peculiar, del que podemos efectuar, en este sentido, un tratamiento conjunto. Ambas se asientan sobre una extensa zona litoral deprimida en la que se acumulan materiales neógenos-cuaternarios. Entre ellos destacan los sedimentos fluviales y lagunares que se han acumulado durante el Terciario y Cuaternario.



Estamos en el dominio de la cuenca del Bajo Segura, depresión postorogénica que se ha ido rellenando de sedimentos marinos y continentales desde el Mioceno Superior hasta la actualidad. Cuenta con una posición abierta hacia el mar Mediterráneo, aunque separado de éste mediante una restinga, y se extiende hacia el sur alcanzando la provincia de Murcia. La transgresión del mar ocupando el antiguo valle fluvial del río Segura, dio lugar a la formación de un golfo que fue separado del mar, mediante un cordón dunar que actúa de restinga.

El resultado fue la formación de un espacio lagunar interior y de marjal (ALFARO, 1995). Este litoral lagunar ha sido paulatinamente colmatado por los aportes del río Segura, Vinalopó y otras ramblas y barrancos de menor entidad. El cegamiento y reducción de las zonas inundadas supuso, además de la reducción de la superficie de la lámina de agua y formación de humedales, la división y diferenciación de los espacios lagunares que, en origen, funcionaron como una única masa de agua. Buenos ejemplos de ello son el Fondo de Elx y la laguna de las salinas de Santa Pola; o las lagunas de la Mata y las de Torrevieja.

El ámbito de las salinas de Santa Pola y de la Mata-Torrevieja queda enclavado en un espacio de transición entre el clima mediterráneo y el clima subtropical seco. La irregularidad pluviométrica y la aridez son los rasgos más relevantes del clima, que se manifiestan en la ocupación y actividad humana, y por tanto en el paisaje. Las temperaturas son elevadas durante el verano y suaves durante el invierno. Sin embargo, las precipitaciones son escasas, rara vez superan los 300 mm, además de presentarse con una notable irregularidad interanual. El número de días de lluvia anual es reducido, rara vez superando los 50 días. Todo ello es determinante para la implantación en el territorio de una instalación salinera al aire libre. No obstante, como apuntaremos seguidamente, las precipitaciones en forma de aguacero que tiene lugar en el ámbito de las salinas, es un factor negativo para el proceso de producción de sal.



El carácter endorreico de las lagunas que posibilita las prácticas salineras, su origen marino, las escasas precipitaciones y la elevada evaporación propician el aumento de la concentración de sales en las aguas de los espacios lagunares, las cuales terminan por precipitar formando una delgada capa de sal. El resultado es sendas extensiones de humedal cuya naturaleza salobre ha generado, además de una industria salinera, un ecosistema halófilo representado por formaciones vegetales de saladar. En este espacio lagunar y en sus márgenes, la avifauna ha encontrado un espacio excelente para la invernada.

A pesar que las salinas de Santa Pola y la Mata-Torrevieja han sido las más representativas, perdurando hasta nuestros días, el litoral alicantino albergó otros espacios salineros menores. Ejemplo de ello son las instalaciones salineras que existían en Alicante, destinadas al consumo propio (HINOJOSA, 1993); o las de Guardamar, propiedad de la Corona y cuyas rentas, derivadas de la producción de sal, se destinaban al mantenimiento y reparación de castillos y fortalezas. Otras salinas que apenas perduraron fueron las del Cap Cerver, poco rentables y que tras la "Guerra de los dos Pedros" (siglo XIV), fueron desmanteladas.



El paisaje de la sal

La actividad salinera ha jugado un importante papel en el territorio valenciano. En el pasado como recurso económico y en la actualidad, además de cómo actividad económica, como valedora de un hábitat singular, de excepcional valor ecológico y paisajístico. La conservación de las lagunas, las cuales constituyen extensas láminas de agua, donde la horizontalidad queda interrumpida por montículos del denominado oro blanco, ha sido posible gracias al mantenimiento de la explotación de la sal. En otras circunstancias, con unas precipitaciones limitadas, la permanencia de la lámina de agua no hubiera sido posible.

Tanto las lagunas de Santa Pola, como las de la Mata y las de Torrevieja, presentan un paisaje que las diferencia de otros humedales vecinos. En primer lugar y como ya hemos apuntado, la explotación del cloruro sódico que permite conservar unas instalaciones antiguas al tiempo que dinamiza económicamente a los núcleos de población y a sus puertos; en segundo lugar la existencia de una restinga o cordón que aísla a las lagunas del mar, sobre la que se desarrollan formaciones vegetales adaptadas a ese medio Y en tercer lugar porque actúan como espacios abiertos en una franja litoral urbanísticamente abigarrada. El paisaje de las salinas destaca bien por la combinación de elementos naturales, los cuales ofrecen al observador un espectáculo único de vida animal y vegetal, bien por la propia actividad salinera, responsable de la conservación del humedal y estructurante del espacio productivo.



Como no podía ser de otra manera en un humedal, la avifauna juega un papel esencial en las motivaciones de los observadores. Especies de avifauna, alguna en peligro de extinción, encuentran tanto en Santa Pola como en el conjunto formado por la Mata y Torrevieja, refugio estacional. Ejemplo de ello son el tarro blanco, la avoceta, el charrán común, el charrancito común, el chorlitejo patinegro y el flamenco, este último majestuoso y muy visual.

Asimismo las formaciones vegetales tienen su relevancia en la estructura del paisaje de las salinas. Se trata de una vegetación especializada. Junto a las orillas, la escasa profundidad de las lagunas favorece el desarrollo de una vegetación de saladar; es decir de especies adaptadas a las aguas y suelos con alta concentración de sal. Destacan especies del grupo de las sosas como la salicornia y especies endémicas del género limonium. En las proximidades de las lagunas y en la zona elevada (El chaparral) que separa las lagunas de la Mata y la de Torrevieja, se desarrolla un matorral ralo donde predominan los tomillos.

La presencia de halobacterias en ambos espacios salineros cobra tanto un interés paisajístico como funcional. Las extensas láminas de agua quedan bañadas con una tonalidad rojiza, que procede de los pigmentos de las bacterias halófilas, las cuales son además imprescindibles en la obtención de la sal, pues incrementan la concentración salina del agua (CELDRÁN Y AZORÍN, 2004).

Por su parte, las distintas partes e instalaciones dedicadas a la explotación salinera forman un conjunto bien estructurado, equilibrado y capaz de articular el paisaje gracias a los canales a través de los que circula el agua y a las distintas balsas y cristalizadores.



Las salinas de Santa Pola

Ubicadas al suroeste del casco urbano de Santa Pola, este espacio lagunar forma junto al Fondo d'Elx y las Salinas de la Mata-Torrevieja uno de los humedales más importantes del sureste peninsular. Las salinas de Santa Pola son un buen ejemplo del diálogo entre una actividad antrópica, el acopio de sal, y la conservación de la riqueza ambiental. Gracias a la actividad salinera, con la gestión de las aguas a través de canales y de balsas de acumulación es posible el mantenimiento de un humedal, cuyos ritmos naturales lo abocan hacia su colmatación.

La instalación salinera se localiza entre la sierra de Santa Pola al norte, y una modesta elevación al sur, denominada sierra del Molar. Ambos relieves han funcionado como punto de apoyo de una restinga, que fue aislando este sector del golfo de Elx del mar Mediterráneo, gracias también a las corrientes y deposición marina. El resultado fue la formación de una gran albufera que, con los aportes sedimentarios fluviales y la desecación antrópica, ha ido perdiendo superficie. No obstante, reconocido el valor medioambiental del humedal por los científicos, gestores políticos y ciudadanía, fueron protegidas en primera instancia bajo la figura de Paraje Natural, para alcanzar la consideración de Parque Natural, en 1994.

La superficie que ocupa el humedal (lagunas e instalación salinera) es de 2.496 hectáreas. Las láminas de agua tienen una profundidad variable, que oscila en torno a los 50 centímetros. Este humedal salino se nutre de agua marina para la producción de sal, pero también recibe los aportes dulces de los azarbes de Dalt y ocasionalmente, de las escorrentías naturales. En este sentido existen sectores dentro del humedal, que cuentan con unas formaciones que soportan menos el exceso de sal en el agua (carrizo y junco), mientras que en los sectores más salinos la vegetación principal es propia de un saladar: juncos halófilos, sosas como la salicornia y limonios.



El humedal en el que se sitúan las salinas de Santa Pola se ha convertido en un espacio propicio para el descanso de la avifauna migratoria. Numerosas son las aves que eligen las lagunas de las salinas como espacio de cria, cuestión importante porque algunas de ellas se encuentran el peligro de extinción (cerceta pardilla y tarro blanco). Espectaculares son los flamencos, las gaviotas, las garcillas y las fochas, estas últimas como representantes de las anátidas. Por lo que respecta a la fauna piscícola, importante es la población de fartet, pez endémico de la Península Ibérica.

El origen de la producción de sal en este humedal se remonta a época romana. Pero, los restos hallados en los yacimientos del entorno indican que la presencia humana en el humedal, tiene una raíz ibera. Santa Pobla se convirtió en el puerto de la ciudad romana de Elx (Ilici) y las actividades que empezaron a desarrollarse en su entorno consolidaron este asentamiento. Las factorías de salazones fenicias y romanas fueron el origen de las actuales instalaciones salineras. Una torre de vigilancia costera, denominada Torre de Tamarit, ubicada dentro de la laguna, se edificó en el siglo XVI para prevenir los ataques de los piratas; junto a las láminas de agua la torre produce una de las estampas más bellas de todo el Parque Natural.

El humedal era utilizado en el siglo XVIII como lugar para las prácticas piscícolas y cinegéticas, y fue a finales del siglo XIX cuando tuvo lugar la organización de la actual instalación salinera (ALMERICH, CRUZ Y TORTOSA, 2003). Tras el acondicionamiento del terreno se excavaron diferentes balsas y se adecuó un circuito de agua con distintos espacios, para que la salmuera ganase concentración. Finalmente sobre unos cristalizadores, fruto de la evaporación solar, la sal precipita y es acumulada en garberas. Todo este proceso se ha mecanizado y por ello es posible observar edificios para el almacenamiento y tratamiento del cloruro sódico, así como maquinaria que facilita el manejo de la sal.

Dentro del humedal, 1.160 son las hectáreas que ocupan las instalaciones salineras, la mitad del espacio protegido en el Parque Natural. Se reparten en tres grandes sectores: las salinas de Pinet, las salinas de Bonmatí y las salinas del Braç del Port, cada una de ellas explotadas por una empresa.



Las salinas de la Mata-Torrevieja

A unos 25 kilómetros al sur de las salinas de Santa Pola se localiza el humedal constituido por el conjunto lagunar de la Mata-Torrevieja. Su evolución ambiental e histórica ha propiciado que en la actualidad se hayan convertido en un espacio natural protegido, bajo la figura de Parque Natural desde 1994, además de estar declaradas como Zonas de Especial Protección para las Aves y catalogadas en el convenio Ramsar y en el Catálogo de Zonas Húmedas del Gobierno Valenciano.

Este espacio salinero está conformado por la laguna de la Mata (700 hectáreas de superficie) y la de Torrevieja (1.400 hectáreas), que junto a un entorno de carácter palustre y de matorral dan lugar a un espacio protegido, que se extiende unas 4.154 hectáreas. Ambas ocupan un espacio deprimido al situarse dentro de una gran cuenca vertiente, de materiales neógenos-cuaternarios, atrapados entre unos relieves periféricos que se elevan por acción de la neotectónica local. Las separa del mar una restinga o cordón litoral y la conexión entre mar y lagunas es totalmente artificial. Es por ello por lo que algunos autores indican que nunca han sido albuferas (ALMERICH, CRUZ Y TORTOSA, 2003).

La laguna de la Mata se sitúa al norte del conjunto. Sus dimensiones son inferiores a la de Torrevieja y cuenta con una morfología triangular. Un suave anticlinal, denominado el Chaparral por el tipo de vegetación arbustiva que presenta, separa la laguna de la Mata de la de Torrevieja. No obstante, en relación a la explotación salinera, ambas están comunicadas por un canal. Las características climáticas del área, clima mediterráneo semiárido, indican una indigencia pluviométrica y unas elevadas temperaturas que, además de favorecer la explotación de la sal, revelan que la permanencia de las láminas de agua no es objeto de precipitaciones y escorrentías, sino de la infiltración de aguas marinas y de la apertura artificial de sendos canales de conexión con el mar.



La explotación salinera de estas lagunas, especialmente la de la Mata, es antigua, posiblemente existiera alguna factoría romana, al hallarse algunos restos arqueológicos como un espigón, muros y cerámica. En la Edad Media se explotaba la sal de la Mata, que eran una importante fuente de ingresos para la bailía de Orihuela-Alicante. Debido a su escasa productividad, en el siglo XIV se intentó, mediante la apertura de un canal de conexión con el mar, transformar la laguna en una albufera para su explotación pesquera; proyecto que no prosperó por la elevada salinidad de las aguas de la laguna y por la colmatación del canal de comunicación (HINOJOSA, 1993; CELDRÁN Y AZORÍN, 2004).

Si la laguna de la Mata había sido hasta el momento el centro de producción de sal, fue en el siglo XVIII y especialmente en el XIX, cuando debido a los terremotos que destruyeron las instalaciones y edificios de la Mata y a las mejores condiciones que ofrecía la rada de Torrevieja, para anclar embarcaciones, cuando casi todas las instalaciones salineras pasaron a la laguna de Torrevieja. La explotación de la sal corre a cargo de empresas privadas (NCAST, S.A. en la actualidad) que cuentan con el uso de las lagunas en régimen de arrendamiento y con el compromiso de que su actividad no ponga en peligro los valores ambientales y paisajísticos del Parque Natural.

El sistema de extracción de sal depende de la evaporación de las aguas salobres acumuladas en las lagunas, donde la sal termina cristalizando. La laguna de la Mata, comunicada con el mar a través de un canal, actúa como gran calentador del agua salada, que por efecto de la evaporación va aumentando su concentración de sal. Mediante un canal regulado por compuertas esta salmuera es conducida hasta la laguna de Torrevieja, lugar en el que se produce la extracción de la sal. Con el objeto de ganar concentración en la salmuera, se ha construido un salmueraducto desde el domo salino de El Pinós, cuyo objetivo es incrementar la concentración de sal de la salmuera. Una vez cristalizada la sal, ésta es conducida mediante un sistema de cintas transportadoras, hacia las instalaciones para su acumulación, tratamiento y embarque en el puerto de Torrevieja.

El conjunto lagunar de la Mata y Torrevieja y las instalaciones de las salinas, funcionan como paisaje cultural, en el que procesos naturales y humanos quedan íntimamente relacionados. No se pueden explicar en su existencia los unos sin los otros: las lagunas, vegetación y avifauna dependen de la artificialización positiva que supuso la conexión de las lagunas con el mar, sin la cual probablemente éstas hubiesen desaparecido por la elevada evaporación, la indigencia pluvial y las intermitentes escorrentías. El conjunto conforma un extenso humedal y goza por tanto de valores naturales, especialmente ligados a la avifauna, que utiliza la laguna y la vegetación de saladar circundante, como refugio para la invernada. Sin embargo, el proceso urbanizador que ha caracterizado al litoral alicantino en las últimas décadas, está produciendo importantes alteraciones ambientales y sobre todo paisajísticas en las salinas. Un continuo de urbanizaciones, hábitats dispersos e incluso alguna práctica agroindustrial inadecuada están estrangulando el entorno lagunar, rompiendo los edificios la horizontalidad original y armonía de las lagunas y sus salinas.

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