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Eduardo Martínez: «Los paisajes de Tintín son sintéticos, caracterizan un mundo»

«Todo está muy bien documentado y dibujado, también los interiores, y es evocador; si no es verdad, es verosímil»

Eduardo Martínez: «Los paisajes de Tintín son sintéticos, caracterizan un mundo»

Eduardo Martínez de Pisón (Valladolid, 1937), catedrático emérito de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid, montañero y escritor, publica Geografías y paisajes de Tintín con la editorial Fórcola dentro de la serie de libros que viene dedicando con este sello a la relación entre la Geografía y la expresión artística: literatura, pintura, música... y, ahora, cómic. «El editor, que es muy tintiniano, me insistió para que bhiciera este libro, coincidiendo con el 90º aniversario. En 2018 tenía tiempo, y, entre ese año y este, lo escribí. Lo acabé en Asturias, en la casa que tenemos cerca de Cudillero, donde disfruto de mucha tranquilidad, física y de espíritu; me llevé ahí todos los tintines. El libro no es muy largo, de unas doscientas páginas, y está escrito, no como ciencia, sino como una aproximación simpática desde la mirada de un geógrafo».

P ¿Cuándo llegó a Tintín?

R Muy joven, no se había empezado a publicar en castellano. Luego he ido alternandola versión francesa y la castellana. Tintín se ha mantenido por su capacidad de sugestión, por su encanto, no tiene edad. Tiene adeptos de toda condición y de todos los países. Soy un tintinófilo más entre muchísimos.

P ¿Cómo ha planteado esa revisión?

R El atlas de Tintín sale en función de la historia de Hergé y pasa por la clave de la II Guerra Mundial, que interrumpe la serie y le hace cambiar el tono. Por eso lo he dividido en una etapa preguerra, otra de la guerra, otra de postguerra y una cuarta de lo más actual. Los viajes mantienen una correspondencia con etapas históricas, del autor, de Bélgica y de Europa. Me pareció que vincular el recorrido con su tiempo histórico era lo óptimo. He hecho un énfasis especial en el viaje a la Luna, que tiene un apartado propio por su peculiaridad. El viaje a la Luna hace un poco de bisagra, es muy importante; no son lo mismo ni Tintín, ni Haddock, ni Tornasol antes de ir a la Luna que cuando vuelven de ella, mucho antes de que fuese el Apolo XI, convertidos en personajes mundialmente famosos. Luego, en la parte final, hago una recapitulación más geográfica: los mares, las montañas, las ciudades, los desiertos, los ríos... Y se incluyen un mapa y una tabla sistemática de todos los paisajes.

P Los primeros álbumes descuidan el escenario geográfico, el paisaje, dibujado a grandes rasgos, con tópicos. A partir de El loto azul

R Los dos primeros álbumes, sobre todo, son más ideológicos. La excursión por el país de los soviets está llena de tópicos, es como una película de gags, llena de saltos, de golpes, y el dibujo es más tosco que los demás, y nunca se rehizo, solo hubo la primera versión en blanco y negro. El segundo, Tintín en el Congo, está teñido por la visión colonial sobre las posesiones africanas que tenían los belgas (y otros países europeos). Los lances son muy tópicos, salen cocodrilos, leones, jirafas, elefantes... igual que en el de los soviets aparecen las llanuras nevadas de Rusia. El loto azul es más avanzado, Hergé, quizá aconsejado por sus editores, decide informarse más. Su amigo chino Chang, que estaba en Bélgica, le aconseja que se nutra más de conocimientos de los lugares y de su cultura para no caer en lugares comunes y en una visión simplista. A partir de ahí, la información de los escenarios, de las personas, es más meticulosa y más abundante. En Aterrizaje en la Luna la información es asombrosa, sobre todo considerando que todavía no había ido nadie allí.

P ¿Qué grado de fidelidad, de rigor, presenta la geografía física de Tintín?

R Hergé está muy bien informado. Sigue instrucciones de museos e incluso manda de viaje a miembros de su equipo -trabajaba en taller- para que se informen y tomen fotos. Es bastante acertado. A veces aparecen cosas muy dudosas, pero también es cierto que solía sintetizar. Por ejemplo, en Tintín en América lo mismo aparece la parte cercana a Canadá que la frontera con México. Y en Iberoamérica aparecen tanto mexicanos como brasileños. Lo hace sintéticamente, para mostrar un mundo. Otras veces recurre a países ficticios, como San Theodoros, en Sudamérica, y Borduria y Sildavia, en Europa, el primero en la órbita soviética (su nombre hace referencia a su situación fronteriza entre el Este y el Oeste) y Sildavia, seguramente nombrado así por asimilación con Moldavia y Yugoslavia, y localizado en una ubicación incierta que estaría entre Checoslovaquia y Grecia. Hay muchos símbolos en la geografía de Tintín. Todo está muy bien informado, incluso ves lugares que te resultan familiares y te preguntas dónde estarán. Si no son verdad, son verosímiles. Las síntesis de grandes paisajes son lo que caracteriza los álbumes de Tintín: puede aparecer entre abetos en la portada y rodeado de cactus en el interior.

P Cuando Hergé comenzó la serie de Tintín no era fácil documentarse.

R Al principio ni lo intentaba. En el álbum del Congo, un poco más, porque en Bélgica había un museo de etnografía e historia natural (el Museo Real de África Central, inicialmente del Congo, inaugurado a principios del siglo XX). Chang es el que le ilumina en El loto azul. Cuando escribió el álbum del viaje a Escocia (La isla negra), el editor se lo corrigió, indicándole cosas que no eran como las presentaba, y él lo redibujó por completo; envió a uno de sus muchachos a recorrer Escocia y a documentarse. También los interiores están muy documentados, a partir de revistas de arquitectura y de decoración. Todo es evocador, hay una gran selección y todo está bien dibujado. La gracia fundamental de Tintín es el dibujo, su nitidez de líneas y su luminosidad, es un mundo ingenuo, en gran medida, y, al mismo tiempo, con cierta intención. Tintín es imagen, es una imagen de la Tierra, de lugares y de personas.

P Tintín en el Tíbet

R Eso dicen sus biógrafos, es cierto. Pero geográficamente es perfecto. Está basado en imágenes de expediciones. En los años cincuenta, antes de que Hergé hiciera este álbum (publicado por entregas entre 1958 y 1959, y, como libro, en1960), hubo muchas expediciones importantes: la subida al Anapurna de los franceses, en 1950, que fue la primera ascensión a un ocho mil y estuvo marcada por la desgracia; la expedición británica al Everest, en 1953; la de los italianos al K2 y la de los alemanes al Nanga Parbat, también en 1953... También se produjo entonces, en 1950, el accidente del avión Malabar Princess en el Mont-Blanc, que inspiró la novela de Henri Troyat (1952) y la película La montaña siniestra (1956), con Spencer Tracy. En 1951, Eric Shipton tomó fotografías de las supuestas huellasdel abominable hombre de las nieves en un glaciar de Nepal a casi 6.000 metros de altitud. Y es la época en la que Heinrich Harrer vuelve del Tíbet y publica su novela autobiográfica Siete años en el Tíbet (1952), que tuvo un gran éxito. Todo eso estaba en el ambiente del momento y Hergé tenía una inspiración gráfica enorme. Si uno se fija en las posturas de Tintín y del Capitán Haddock, son perfectas, son las que tendría un alpinista en una pendiente nevada o helada. Tintín en el Tíbet es el álbum de la montaña, el mejor, o al menos el que a mí más me atrae. Además, tiene un contenido muy altruista, ya que cuenta el salvamento de un amigo perdido. Y es de los más profundos, lo que nos lleva a la situación personal que atravesaba Hergé cuando lo realizó.

P ¿Qué es lo que busca Tintín en sus aventuras?

R Tintín expresa el deseo de ver el mundo, es la apertura de un europeo a la totalidad de la Tierra. Y se implica en sus problemas. Es como Don Quijote, que sale de La Mancha en busca de aventuras. Sale a ver qué molino encuentra, y a buscar una buena causa, no solo a combatir el mal. Es su lección moral: es un muchacho que busca las buenas causas.

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