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Vicente Magro Servet

Los efectos psicológicos del covid

Una sanitaria administrando la vacuna contra la covid.

Se cumplen estos días año y medio desde que se acordó el estado de alarma y nos dimos cuenta de que estábamos en una situación grave provocada por la pandemia del COVID. Y muchas cosas han cambiado en la sociedad en estos dieciocho meses. Que se dice pronto. Muchos meses en nuestras vidas que nunca podríamos llegar a pensar que tendríamos que pasar por una experiencia agotadora psicológicamente. Con miedo al contagio, ansiedad, preocupaciones, cierres de empresas y negocios, pérdidas de empleo. Y lo que ha sido peor: la pérdida de vidas humanas en cifras ya de 85.638, con 4.922.249 contagiados, y, ahora mismo, todavía 1.097 pacientes en UCI. Además, muchos de los contagiados con secuelas graves que todavía no han remitido desde hace tiempo y con dificultades para respirar, dolores de cabeza u otras deficiencias varias por la amplitud de afectación de este virus.

Pues todo esto nos ha pasado factura. Muchas facturas. Sanitarias, económicas y humanas. Se ha perdido la calidad de vida y ha afectado en todos los órdenes de la vida de las personas. Porque no hacer lo que antes hacías con total libertad y sin limitaciones es difícil asumirlo. Y mientras que la gente disciplinada, que hay mucha, - la mayoría-, asumió con resignación lo que había que hacer, y lo que hay que seguir haciendo todavía, otros, los indisciplinados, que ya los había antes de la pandemia, - y en cifras elevadas- tomaron la decisión, y lo siguen haciendo muchos, de incumplir cualquier orden que se daba. Todo ello retrasó, como sabemos, el éxito de la vuelta a la normalidad, y ha provocado las reiteradas olas de contagios que se están dando, y que no sabemos cuándo acabará.

Ante esta situación, es evidente que todo esto ha pasado esa factura de la que antes hablábamos y que la seguirá pasando durante mucho tiempo. Porque tanto a quienes han cumplido estoicamente, como a los que no, las órdenes dadas es evidente que el COVID pasa una factura psicológica frente a la que hay que estar fuerte para hacerle frente. Porque el daño del COVID no solo es físico, sino que, además, es psicológico, porque no se sabe cuánto durará, y porque las noticias de cepas nuevas, e inseguridad ante el futuro provocan un clima frente al que hay que intentar ser positivo y mirar hacia delante con bríos y ganas, pero sin olvidar que el presente nos ha llevado a una situación en la que todos hemos visto reaccionar a muchas personas de forma desproporcionada a la mínima situación adversa o que no les gusta que se han encontrado. La desproporción de comportamientos de muchos ciudadanos ha sido, y está siendo, uno de los efectos más graves del COVID. Y eso lo habrán visto ustedes en muchas ocasiones.

Por ello, los efectos psicológicos del COVID a corto, medio y largo plazo se van a reflejar en muchas personas y muchas situaciones. Y el papel de los psicólogos se va a ver reforzado para atender muchas situaciones de personas que reaccionan de forma totalmente desproporcionada ante casos ante los cuales antes de Marzo de 2020 no hubieran respondido de esa manera ante un hecho concreto. Y lo curioso es que seguro que mucha gente se sorprenderá de cómo ha reaccionado de una manera concreta cuando antes no era tan susceptible, olvidando que en su mente y en su cerebro han estado los tres meses de confinamiento, y los problemas y limitaciones derivados del COVID que acaban pasando una especie de “factura invisible” que no se percibe, que el coronavirus no te la presenta en papel firmado, pero que está ahí y que se acaba presentando en las reacciones de las personas.

Y no se trata solo de la afectación a los casi cinco millones de contagiados por el COVID, sino a los que no lo han sido y tienen miedo de cogerlo, o deben afrontar la situación de prevención y las medidas de cumplimiento que son necesarias para que esto se arregle. Porque todo ello acaba llegando al cerebro humano de una u otra manera, e igual que hay que vacunarse para evitar los efectos graves del COVID hay que hacerlo para evitar caer en una situación que altere nuestras reacciones y nuestra forma de comportarnos, para lo que tenemos que estar preparados y actuar en consecuencia acudiendo a profesionales si se detectan alteraciones graves de comportamiento.

No tardaremos en darnos cuenta que los efectos de este virus tan dañino no solo ha afectado a “lo que se ve”, sino que también hay que estar preparados en su afectación “ a lo que no se ve”, y que puede ser más peligros, como lo es todo aquello que no se detecta o percibe por los sentidos.

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