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Fernando Ull

EL OJO CRÍTICO

Fernando Ull Barbat

Vivir en un sueño

11-S por Sergio Andreu

Tenía una impresión que he tenido después muchas veces:

la de que, en medio de los trabajos, el interés por las cosas,

incluso algunas alegrías, la tristeza me estaba esperando.


Julián Marías (Una vida presente)


Qué fuera de lugar estuvieron los altercados ocurridos en las calles de Barcelona el pasado día 11 con ocasión de la celebración en Cataluña de la Diada. Lo que debería ser, una fiesta de una comunidad autónoma compartida por todos sus ciudadanos, acabó convertida en lo de siempre, en una inexplicable sucesión de actos violentos contra la policía, rotura de mobiliario urbano y quema de fotografías y banderas. ¿No se aburrirán de hacer siempre lo mismo? Mientras tanto, ese mismo día, se conmemoraba en Nueva York el vigésimo aniversario de la matanza de los atentados del 11 de septiembre en EEUU, un acto terrorista vil y miserable que buscó hacer el máximo daño posible a la población. Piensa uno en esas personas que estando en las torres vieron venir los aviones, en los que saltaron para no quemarse vivos, en los que se quedaron encerrados en los pisos superiores del lugar del impacto y en las llamadas telefónicas a sus familiares despidiéndose. “Soy muy joven para morir”, dijo uno de ellos. En el sencillo homenaje que se llevó a cabo en el lugar donde se alzaban las dos torres se leyeron los nombres de las víctimas entre lágrimas y fotografías de los ausentes. Bruce Springsteen cantó una de sus últimas canciones, I'll see you in my dreams, (Te veré en mis sueños), que en una de sus estrofas dice: cuando todos nuestros veranos hayan llegado a su fin / nos encontraremos y viviremos y reiremos de nuevo / te veré en mis sueños / sí, en la curva del río / porque la muerte no es el final.

Los atentados del 11 de septiembre y la pandemia por el virus covid-19 van a ser las dos principales catástrofes del siglo XXI. Difícilmente podrán ser superados en mortandad y sensación de calamidad. Si el siglo XX fue el de las guerras el XXI será recordado, dentro de quinientos años, como el siglo en el que la humanidad tomó conciencia definitiva de su debilidad, de que la muerte está más cerca de lo que parece.

Se suponía que de esta pandemia íbamos a salir mejores. Al menos eso se decía. Pero a tenor de los comportamientos incívicos que se han podido observar los últimos meses, con botellones generalizados, ataques con piedras a la policía cuando acude a disolver de manera pacífica las concentraciones y los antivacunas haciendo todo el ruido posible, la conclusión es que seguimos más o menos como siempre. En la Comunidad de Madrid se ha anunciado y celebrado el regreso de los horarios en la hostelería que existían antes de la pandemia como la gran noticia del nuevo curso político pero sin embargo los madrileños, que de manera masiva votaron a la populista Isabel Díaz Ayuso, no dieron ninguna importancia al hecho de que cuando el ejército se hizo cargo de las residencias de ancianos de la Comunidad de Madrid en 2020 ante la sospecha de que algo grave estaba ocurriendo, se encontraron habitaciones en las que los ancianos compartían espacio con cadáveres que permanecían en sus camas. La presidenta de la comunidad madrileña no tiene nada que decir al respecto.

No puedo creer que los españoles, gracias a la exitosa campaña de vacunación masiva organizada por el Estado español, vayamos a salir de esa terrible crisis sanitaria y económica si haber aprendido a ser más solidarios y menos egoístas. ¿A quién le puede importar el último fichaje de un equipo de fútbol después de haber visto circular en la noche camiones cargados de ataúdes en las calles de Madrid? ¿Y los absurdos realities televisivos con que nos bombardean a diario? El personal sanitario debería estar a día de hoy en lo más alto del pedestal de valoración de la ciudadanía y sin embargo apenas se habla de ellos y ellas.

En las calles de Barcelona vimos lo de siempre. Nacionalistas que se creen el ombligo del mundo, lo más importante del mundo mundial, cuando la vida les ha demostrado una y otra vez que sus ensoñaciones de crear una nueva Atlántida sólo son el resultado de ensoñaciones infantiles, ridículas y egoístas. Los indultos a los políticos presos catalanes por parte del Estado y la besa bilateral para el diálogo puesta en marcha entre el Gobierno central y el catalán gracias a la actitud dialogante del Gobierno de Pedro Sánchez, echa por tierra el trasnochado victimismo nacionalista. Lo que de verdad importa reside en los sueños.

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