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Emilio Pérez Díaz

Habemus Palatium Congressorum

Mazón, Gisbert y Barcala, sobre el terreno en el que se proyecta el palacio. | ALEX DOMÍNGUEZ

Han transcurrido ya casi siete meses de que saltara a la prensa aquella foto de tres autoridades locales en un muelle del puerto, dando a entender que aquel era el lugar ideal para construir un palacio de congresos y que se disponían a trabajar firmemente para acelerar el proceso. Renació la esperanza en muchos ciudadanos, alguno hasta pareció vislumbrar una fumata blanca y hubo quien llegó a pronunciar aquello de Habemus Palatium, pero al final el gozo en un pozo, nada o muy poco se ha hecho al respecto desde la primavera pasada. El presidente de la Diputación se escuda en la burocracia, en la fragosidad de los papeles y en la espera de que los servicios jurídicos de Diputación y Ayuntamiento terminen de redactar el convenio que habrán de firmar las dos entidades, para después invitar a adherirse a la Generalitat. El alcalde pide a ésta que se comprometa firmemente en ello, pero parece ser que a la Conselleria no ha llegado documento alguno sobre el particular. Lo de siempre, más de lo mismo, eficacia por un tubo. Al tiempo el puerto informa que hasta que no le llegue petición en firme no puede solicitar la modificación del Plan Especial del Puerto y del Plan de Usos y Servicios Portuarios, gestiones que suelen llevar aparejado un período que oscila entre los cuatro y seis años, así, como suena, que nadie se alarme. Actualmente es posible enviar de Europa a Australia un millón de euros, o los que sean, en los dos segundos que tardamos en pulsar una tecla, y si no que se lo pregunten a todos esos que figuran en los papeles de Panamá, Pandora, etcétera, Se puede asimismo remitir en el mismo tiempo imágenes y sonidos de todo tipo a cualquier parte del mundo, pero variar el redactado de un documento diciendo que éste muelle portuario que hasta ahora estaba destinado a tal servicio se va a dedicar en el futuro a otro, requiere de cuatro a seis años. Puede parecer extraño, disponemos de tecnología punta, nos encaminamos a un mundo totalmente digitalizado, enviamos sondas a Marte y a millonarios americanos a pasearse en naves por el espacio, pero el cambio de usos de un muelle portuario debe ser, seguramente, algo mucho más serio.

Esta situación de parálisis o anquilosamiento de un asunto que había despertado nuevamente la ilusión de muchos alicantinos no constituye ninguna novedad. Quienes desde hace años venimos leyendo en INFORMACION los continuos anuncios y renuncios sobre obras importantes en la ciudad, tenemos ya la piel suficientemente curtida de promesas incumplidas o idílicas ensoñaciones de quienes en algún momento decidieron exteriorizarlas por causas que ellos sabrán. Y quizá sea por ello por lo que un servidor optó por tomarse con mucha filosofía lo de éste inesperado palacio de congresos. Recordemos al efecto el tren entre aeropuerto y ciudad, la estación intermodal y subterránea con el TRAM en ella incluido, el gran parque central en su superficie que uniera por fin los barrios separados, Florida, Pau 1, etcétera, la desaparición de la vía ferroviaria de la costa a partir de San Gabriel, el paseo marítimo para los caminantes que hacen camino al andar desde Urbanova a Playa de San Juan , el ensanchamiento de la Explanada soterrando el tráfico rodado, como ocurre en el Paseo de Colón de Barcelona, la unión de la zona de poniente y levante del puerto mediante puente levadizo o túnel subacuático entre los muelles cinco y ocho, funicular con cabina aérea entre la cima del castillo de Santa Bárbara y algún punto del Postiguet, etcétera. Todos estos asuntos, por peregrinos que algunos puedan parecer no son invención mía, en alguna ocasión los he leído en este periódico, pero ninguno de ellos ha llegado siquiera a iniciarse. ¿Le endosamos también toda la culpa a la burocracia?

La Universidad Permanente de la UA ha programada para este curso en su sede urbana de la Avenida de Ramón y Cajal una asignatura con el título de “Ciudades de Película”, en la que se ha matriculado mi esposa como alumna que es de la citada universidad desde hace ya veinte años. Tengo una enorme curiosidad por saber si en el aula se habla de Alicante. Mucho me temo que no, que tengamos que esperar a que esta ciudad, dotada de un potencial enorme en todos los sentidos, disponga de dirigentes que se enreden menos en la burocracia.

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